La cápsula del tiempo se detuvo en mi regazo,
Parpadeó y francamente se dio vuelta para no mirar,
Se echó a reír con su peculiar risa sarcástica en la triste oscuridad,
Sonrío al dejar caer un disparo de sangre al vestido muerto,
Me contó que ya no hay secretos que ocultar;
Pues las horas son ecos del espejo humano sin alma,
Cárceles de confesiones de amor y odio en minutos,
Desaparición de dignidad y colapso de memoria en segundos; y luego estrechó su decrépita paciencia al silencio,
Ofendió sin disimulo acribillado
a las sombras en sus despectivas penumbras,
Clavó la mirada con perspicacia en mis ojos y me encontré llorando con un pasaporte al olvido,
Me fui perdiendo por un extenso laberinto fantasmal del ayer,
Ni amigos ni sentimientos habitaban en mi mente,
Equilibré la balanza retorcida que impedía medir a la disgustada justicia,
Le deseé suerte y al darme cuenta caí en un manicomio de frustraciones,
Naufragué en mentiras, fobias, desastres y en ese viaje conocí a la luz,
Me guió por senderos del perdón clandestino tan cercano a la felicidad distante,
En un momento sentí a la soledad que me acurrucaba
en su propia herida.







